01 de marzo de 2020...

Hoy ha muerto un poeta...

por LEANDRO ALVA

Ha muerto Ernesto Cardenal. Así de puntiagudas, cuatro palabras que rasgan el silencio en la tarde del domingo. Así de filosas, cuatro palabras que caen a pique sobre la conciencia de aquellos que lo hemos admirado. Ya sé, me dirán que dentro de todo es una noticia lógica, esperable, que casi nadie se da el lujo de llegar a los 95 años, pero eso no servirá para que el dolor de la noticia resigne terreno y se aparte.  
El poeta, sacerdote y revolucionario nicaragüense, conocido en todo el mundo por su rol determinante dentro de la Teología de la Liberación y su militancia política, falleció en un sanatorio de las afueras de Managua, donde se encontraba hospitalizado por una infección renal desde hacía unas semanas.
Murió a las 15:10 locales, pero a quién le importa la hora exacta de su encuentro definitivo con Dios. Eso es apenas un dato anecdótico para aficionados a la necrofilia. Lo que importa es que, desde hoy, vamos a caminar un poco más solos, un poco más ciegos.    
Cardenal fue uno de los autores más insignes de Nicaragua, con obras traducidas a 20 idiomas y grandes reconocimientos como la orden Legión de Honor en Grado de Oficial del Gobierno de Francia.
El Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2009) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2012) están entre los últimos e importantes galardones recibidos por el poeta nicaragüense. 
Figura destacada del ambiente político de su país, Cardenal nunca se arrepintió de su paso por el sandinismo -fue ministro de cultura del primer gobierno sandinista- sin embargo estaba desilusionado con el perfil que adoptó el presidente Daniel Ortega en los últimos años. En otros tiempos, ambos estuvieron juntos en las filas de la revolución, pero sus caminos se separaron indefectiblemente. 
Ernesto Cardenal abrazó el destino religioso a los 31 años, y su relación con la iglesia católica tampoco estuvo exenta de controversias. Tal vez el momento crítico tuvo lugar durante una visita del papa Juan Pablo II a Managua en 1983. Ambos estaban en la catedral cuando el poeta levantó el puño al grito de: “¡Que viva la revolución!”, un gesto que hizo que el Vaticano dejara sin efecto su sacerdocio indefinidamente. Recién hace un año el papa Francisco absolvió al poeta “de todas las censuras canónicas”, y levantó la sanción luego de 35 años.
El 20 de enero pasado, el poeta celebró sus 95 años y la edición de su último libro, “Hijos de las estrellas” junto a un grupo de amigos.

Y la verdad es que no sé cómo darle fin a esta nota, que no es más que un recorrido escaso y deficiente por la vida y la obra de una figura inmensa. Es por eso que voy a pedirle ayuda a uno de los poemas de nuestro protagonista...

BIENAVENTURADO EL HOMBRE - Salmo 1


Bienaventurado el hombre
que no sigue las consignas del Partido,
ni asiste a sus mitines,
ni se sienta en la mesa con los gangsters,
ni con los Generales en el Consejo de Guerra.
Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano
ni delata a su compañero de colegio.
Bienaventurado el hombre
que no lee los anuncios comerciales,
ni escucha sus radios, ni cree en sus slogans,
Será como un árbol plantado junto a una fuente.

Ernesto Cardenal

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