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Osvaldo Bayer, una vida de compromiso,

militancia y coherencia

con las ideas.

“… también el hecho individual tiene un tre-mendo significado para el cambio del siste-ma… y para la búsqueda de la justicia”.

Una tibia mañana del mes de abril nos encontramos con Osvaldo Bayer “a las 9 en punto”, en su “tugurio” de la calle Arcos –como bautizara a su casa “mi amigo Osvaldo Soriano”. Tugurio regado por una tenue y cálida luz, y pleno de libros “de mi padre” y retratos “de seres queridos”; la cabina de un harinero timonel…

 

Después de tantos años de investigación histórica y de tus trabajos periodísticos, ¿Cómo nació la necesidad de escribir una novela… y esta en particular?

La novela es un hecho real. Rainer y Minou (nombres en la ficción) fueron amigos míos en Berlín. Cuando se produce la tragedia me quedó como un deber de escribir sobre esto, porque allí queda clara la tragedia de la violencia…, cómo los hijos pagan los pecados de los pa-dres, la desesperación de tratar de unir dos cosas que parece que ya no podían unirse… una fantasía impresionante, la de la realidad de  poder  juntar  dos se-res así en un profundo amor; y de pronto ella –judía-, descubre que su querido amor era hijo del peor represor de Auschwitz, un hombre encargado de la muerte de niños judíos… A pesar de todo, había una cosa de sentimiento que  los  unía  y -también- los separaba. Ella trataba de superar todas esas cosas pero también el medio que la rodeaba, que era la minoría judía de Berlín…

Era un problema que ni yo mismo podía resolver. Ellos me vinieron a ver muchas veces –por separado-, no para buscar consejos sino para conversar sobre como se podía resolver eso. Todo el mundo estaba en contra. Más bien el pasado estaba en contra… un pasado demasiado terrible, que ni él trataba de rechazar. En la colonia judía de Berlín le dijeron a ella que la ciencia había descubierto que, cuando hacen el amor, los hijos tienen el mismo olor que sus padres…

Entonces ella se veía con el asesino.

Cosas absolutamente irracionales.

Hasta que él finalmente busca la única salida que vio posible: su suicidio.

A mi todo esto me quedó muy adentro: principalmente la figura de él porque era un intelectual muy, muy destacado, un hombre especializado en el romanticismo alemán…, un hombre que vivía en otra vida y no en la realidad… una especie de Werther. Rainer era un ser muy amplio, con él podíamos hablar de literatura alemana, del romanticismo… sobre Hölder-lin…, finalmente le gustaban todos los locos y suicidas. Se lo pasaba escuchando a Schumann, que tal vez era el loco más absoluto…

A ella se le reprochó mucho…; Minou se salvó porque todo termina en una última cita… él la cita para hablarle del poeta Heinrich Von Kleist, que tanto para él como para mi…., uno se siente interpretado a través de la obra de él… Ella no fue porque sabía que él la iba a invitar al suicidio. Rainer quería tener el mismo final que Von Kleist y su amante -Hen-riette Vogel-, el ya estaba en otro estado. El soñaba con la locura, excelsitud de la poesía, y con la muerte…

Me dicen que es una novela demasiado alemana; por esta parte de él, por su romanticismo, sus depresiones y su me-lancolía. El era de una belleza impresio-nante… y había hecho toda su niñez en contacto con el nacional-socialismo, había estado  en  las juventudes hitleris-tas. El nazismo tenía cosas muy atrac-tivas como por ejemplo las canciones, que eran muy románticas… había cosas de Goethe y Schiller.

Cuando él se da cuenta que ella lo abandona, vuelve a toda esa nostalgia… a la madre, a la familia -que había sido muy nazi en sus costumbres; vuelve a su “na-cionalismo heroico” en el cual se basó en nazismo. Yo describo en la novela ese reencuentro final con un viejo amigo, se emborrachan juntos, vuelven a los viejos tiempos… y bueno… él ya había resuelto el suicidio…

Ella era una mujer con mucha fuerza, quería triunfar, quería hacer cine, y no quería involucrarse en el “mundo” de su novio… Igual le atraía mucho ese hombre…

Yo soy historiador y me parecía una especie de traición pasarme a la literatura, escribir una novela. Pero era la única forma de describir bien a fondo esta historia…, era el único método. Y recurrí a la literatura. Y creo que mi paso es definitivo. La próxima va a ser una novela sobre las décadas del 60 y 70 en la Argentina, lo que viví yo. Principalmente cual fue la vida de aquellos jóvenes que no estaban en la cúpula, ni muy metidos en la ideología, sino que acompañaban.

 

Decías que se te objeta que es una novela muy alemana. En un reportaje que te hicieron para la revista “El Ojo Mocho”, en el año 98 si no recuerdo mal, Horacio González hacía referencia a esta marca, a esta proyección o reproducción de la historia alemana en tu obra como historiador-investigador y periodista… y uno escucha por ahí “Bayer siempre está escribiendo sobre Alemania”. ¿Sentís esto como un reproche?

Uno es hijo de la historia. Yo hubiera querido -sincera-mente- ser absoluta-mente argentino. Tengo el mejor recuerdo de Santa Fé, donde yo nací, aunque siempre en las vacaciones iba a las colonias alemanas. O por ejemplo cuando hacíamos excursiones por la pampa bo-naerense. Me atrae muchísimo la Patagonia. Yo hubiera querido vivir en  Puerto Deseado… que es el paraíso… Pero las cosas no se dieron así. Acá yo viví en un barrio muy alemán. Fue muy alemán hasta el 45; después los alemanes perdieron la guerra también acá… y se fueron. Acá eran todas quintas… Nuestra familia era la más antigua. Mi madre murió aquí a los 93 años. Uno tenía ciertas raigambres… y buscaba ser más argentino. Yo cuento una anécdota que a mí me destrozó. Yo quería ser igual que los demás pibes, que los auténticamente argentinos, que jugaban al fútbol… yo quería jugar con ellos y no me daban la pelota. Había un tal Eduardo Ricagni, que después fue un gran jugador de fútbol y me rechazaba. Entonces yo recurría a ciertas cosas de intelectual, para hacerme el simpático me aprendía de memoria la formación de todos los clubes; cuando ellos descansaban les preguntaba: “¿saben como forma Boca?”… Y tampoco tuve éxito… nunca me aceptaban…  Bueno… eso pasó… los de Pedraza no querían esperar más, querían empezar…, entonces Eduardo Ricagni me miró a mí que era el único espectador, y con un gesto me señaló que fuera al arco. Empieza el partido, agarra la pelota el wing de Pedraza y corre, corre, y nadie lo para. Se pone frente a mí, tira un tiro impresionante, yo pongo las manos así (hace el gesto).. y me las dobla -todavía me duelen-, la pelota me pega en la cara, yo me caigo… y es gol, a los diez segundos de comenzar el partido. 

Hubo un silencio y veo que Ricagni -muy compadrito él-, viene caminando para darme la biaba… Y yo cometí el error de mi vida… salir corriendo. Y me empezó a correr con los jugadores de Arcos, porque creyeron que lo había hecho a propósito… De pronto se paró y me gritó el peor de los insultos para mí, me gritó “¡Alemán culo de pan!”… todavía lo siento. Y nunca más me dieron pelota… ni yo les di pelota tampoco. Bueno… había ciertas diferencias que no se debían a uno, sino a las conformaciones sociales. En este barrio estaba el Club Alemán, que era absolutamente nazi… yo había ido a una escuela allí. El 20 de abril se festejaba el cumpleaños de Hitler y era ¡fiesta nacional!, fíjense que mentalidad… Mi padre era social demócrata, anti-nazi total. Pero los pibes de acá no nos preguntábamos por la ideología política… Si nos gustaba una piba linda… ¿qué nos importaba la ideología de la familia? Entonces íbamos a las fiestas, donde había payasos, malabaristas, música, venía el embajador alemán -como representación de Hitler-… me acuerdo la fiesta del año 1936… mentimos en casa que íbamos de paseo con amigos…

 

Vos esto lo describís en la novela…

Sí, porque Rainer no pasó su niñez en la Argentina y pongo entonces un poco de mi infancia en la de él, porque mi temor era que lo identifiquen inmediatamente… y entonces ella me inicia un juicio y me iban a prohibir el libro. Todo lo demás está tal cual, pero cambié ciertas cosas, los nombres y eso de la niñez de Rainer. Porque además me permitía hablar un poco más de la Argentina. Y a ellos dos también referirse a la Argentina, porque ella era argentina.

Además, para no hacerla tan alemana… a la novela.

…Así que uno pertenecía también a ese ambiente. Yo me casé con una hija de alemanes…, era el ambiente en que se vivía. Mi niñez se la pongo a Rainer… y también las lecturas. En casa se leía mucho. Mi padre era un gran lector… y también toda esa cosa clásica y romántica de todo ese período… Goethe… Toda esta es la parte alemana (señala la gran biblioteca), son los libros de mi padre… Y ahí está Marlene Dietrich… mi preferida (señala la foto), que todas las noches cuando me duermo me da un beso en la frente…

En la novela ella le pregunta a él a quien hubiera querido tener como amante, y Rainer dice: “a Marlene Dietrich… una mujer devoradora… una mujer que me cojiera…”, me sorprendió el párrafo porque quebrás un len-guaje muy “romántico” con el que describís la relación de los dos…

Claro, … ahí te das cuenta que a él le gustaba ser dominado, un poco piensa en la madre, que era muy dominadora (y en la hermana)… Y Marlene era así. En una de las biografías dice que se volteaba a todos los hombres… Y la Marlene decía: “Yo tengo una fórmula que nunca falla… Me gusta un tipo; voy y lo miro a los ojos, y le digo: ¿Qué te pasa a vos?... Y los tipos caen”. Es genial. Ella es la mujer sensual por excelencia. Se nota también en sus canciones; en ese reo berlinés que canta en “El ángel azul”… Greta Garbo la deja, porque le es infiel con un hombre…

Por el entramado de esta historia circula con intensidad el tema de la memoria y también el de la culpa. Cada uno trata de resolverlo a su manera. Ella va a Alemania a buscar el pasado de su familia, su identidad como judía, mencionás que  Minou no se sentía judía en la Argentina, no buscaba amigas judías, no le interesaba pertenecer…

por LUIS Y CARLOS CRUZ

De repente siente la necesidad de confirmar, construir, buscarse como judía a través de la tragedia familiar. Mientras que Rainer recorre -o intenta hacerlo- el camino inverso, no quiere saber de su pasado (hasta un momento de la relación con Minou), niega a su padre, nunca habla del pasado con sus amigos…

Yo estudié en Alemania al comienzo de los 50. Hacía pocos años que había terminado la guerra. Así que estaba todo ahí todavía… también el hambre… los alemanes estaban todos hermosos, delgados. Como estudiantes comíamos una vez al día nada más. Y no se hablaba. Estaba prohibido hablar del nacional-socialismo, querían olvidar todo para poder reconstruir Alemania. En las escuelas secundarias se estudiaba historia hasta el año 1913… ni a la 1º Guerra Mundial se llegaba… Fueron los estudiantes los que empezaron a preguntar, a discutir la cosa. Y después todo se va abriendo cada vez más a medida que pasan los años. Willy Brandt ayuda mucho en ese sentido. Su primer acto de gobierno fue ponerse de rodillas ante el Monumento al Holocausto… lo mismo pasó acá en la Argentina. Cuando volví en el 83 no se discutía mucho acerca de la dictadura militar. Se había hecho muy famosa la teoría de los dos demonios. Hasta el mismo Ernesto Sábato lo pone en el prólogo de “Nunca Más”…

 

En ocasiones te escuché decir que esa teoría ya no está tan jugada en la sociedad. Yo pienso que no es así. ¿En qué te basás para decir que eso está como saldado?

Bueno, de cómo se hablaba en el año 83 a como se habla hoy…  recorran los diarios… hasta “La Nación” habla de la dictadura -salvo algunos comentarios-. Pero ya nadie defiende a Videla o a Galtieri… Son tipos totalmente despreciables. Es toda una línea sin retroceso. Ya nadie va a volver a levantar como “salvadores de la patria” a Videla y Cía…

 

¿Pero eso no tendría más que ver con que son totalmente impresentables? Fuera de estos genocidas… en la so-ciedad… ¿Quién puede salir a defen-der hoy a Videla?

Nos referimos a que todavía perdura en la sociedad este sentimiento autoritario… ¿Cómo puede ser que un medio como Radio 10 tenga el nivel de receptividad que tiene, con el discurso que tiene… profundamente discriminador, autoritario… le dieron micrófono al mismísimo Massera…

¿Creés que la sociedad está libre de todo lo que subyace en el discurso de la dictadura?

No, no… pero los poderes económicos que usaron a los militares ya no los van a poder usar más… y están dejando que entierren a Videla y Cía. Y van a seguir con su fascismo. Y esto de “Radio 10” también… Esta es una sociedad absolutamente fascista en muchos aspectos.

Pero esos símbolos que en el año 83 trataron todavía de recuperar… ya no van a volver. En Alemania ni los neo-nazis hablan bien de Hitler… Aquí, hoy, ya no se discute el método de desaparición de personas y el robo de niños, eso ya se ha reconocido absolutamente en la sociedad… Ya no se va a poder reivindicar más a la dictadura militar.

 

¿Recibiste por la novela algún comentario de la gente de la colectividad judía?

Yo la hice leer por dos o tres judíos en Alemania. Me dije-ron que es una novela anti-semita, cosa que no es así. Yo describo lo que fue Auschwitz, el Holocausto…, como se procedía hasta con los niños. Y el final de todos los jerarcas nazis. En la novela hay una visita de Rainer a un asilo donde hay algunos camaradas del padre…; no tienen argumentos. Lo que pasa es que no les gusta que yo me meta con los problemas judíos que hay en Alema-nia, que comparando, acá no es tan así. Allá hay una discusión tremenda entre los que aceptan la indemniza-ción alemana y los que no la aceptaron. Hay una discusión tremenda entre ellos… ¡Y los que han hecho el negocio del Holocausto!... No lo digo yo sino… justa-mente ahora los dos best seller en EEUU y Alemania son esos libros de dos sociólogos judíos, profesores universi-tarios, … uno de ellos se llama “El Negocio del Holocaus-to”, … donde dice que es una vergüenza lo que están haciendo con sus muertos, …haciendo negocio… No puede ser que se hagan negocios con el dolor del pueblo… En cambio hay otros judíos de una enorme dignidad. El presidente de Israel fue a Alemania y dijo que todos los judíos que viven allí son unos traidores…   Además, 

al judío le gusta mucho Alemania, es un amor que viene de no sé donde. Yo tenía estas discusiones con ella, -con Minou- y están en la novela. Ella se preguntaba: ¿Qué hago yo acá en Alemania, en la tierra enemiga? Era otra de las cosas que la llenaba de culpa… que su amante era el hijo de un nazi…; ella estudiaba y hacía cine con una beca y con créditos del gobierno alemán…

 

Osvaldo, en la solapa de tu novela di-ce que escribiste un libro de poemas -“Los cantos de la sed”- no lo sabía-mos…

Si. Son cosas de adolescente. Los editó mi hija en una edición especial. Los tengo en Alemania, sino les daba unos ejemplares… Yo quería ser poeta… después me di cuenta que…

 

Esto se nota muchas veces en la for-ma de tu escritura…

Si… si.

 

Se nota en tu novela la marca de la crónica, de “lo periodístico”, la economía de recursos, en lo conciso y austero, en la falta de “pretensión literaria”, en la sencillez, pero también en una gran potencia expresiva…

A mí me gusta el estilo periodístico. Es una literatura periodística lo que yo hago. Quiero que todo lector lo entienda. También cuando hice guiones cinema-tográficos. La “Patagonia Rebelde” es lineal. Lo hice porque pienso -hablemos así-, en que las grandes masas lo entiendan… 

Siempre fui un gran admirador de John Ford, que empieza por el principio y termina por el final… En el fondo “La Patagonia…” está hecha como un western. Y encontré a Olivera al que siempre le encantó Ford también…

 

En un párrafo de la novela describís el sentimiento de los alemanes -o parte de ellos- en relación al “ideal” de “dar la vida”, “marchar hacia la muerte… –decís- esa era la clave. Dar la vida. Marchar hacia adelante”; hace un rato hablábamos del romanticismo, la muerte, la locura –y su relación con la poesía-, el abismo, la soledad, el morir joven… ¿Ves alguna relación entre esto y algunos personajes históricos rescatados del olvido por tus libros?... Me refiero a Severino Di Giovanni o al caso de los anarquistas expropiadores…

Yo a los idealistas del cambio político los veo muy diferentes a los que fueron a la muerte en las guerras. Para mí es inexplicable todos esos jóvenes de 17, 18 años que iban cantando en el frente ruso, en la Segunda Guerra Mundial; todos llenos de mugre, de enfermedades, frente a un paisaje desolado, con aldeas destrozadas, mujeres y chicos muertos de hambre… ¿Cómo podían seguir con ese espíritu de ¡Vamos a vencer!...? ,¿vencer a qué? Eso es la irracionalidad de Jünger -la glorificación de la guerra y del ser soldados-… El es un buen intérprete de toda esa cosa que nadie puede entender. Nadie puede entender como el pueblo alemán siguió a Hitler. Uno ve y escucha, hoy, a Hitler y es un payaso…

La escena de Rainer y su viejo amigo -y que describo en la novela-, en la que recuerdan su paso por la guerra y se emborrachan, mientras escuchan marchas militares, …esa escena, que veo fundamental, la puse para que se entendiera lo irracional absoluto que fue el nacional-socialismo y que fue la guerra…

Esos ideales nada tienen que ver con los luchadores sociales… que bueno, algunos decían que la única manera era violencia contra violencia, como Severino.

Otros creían que con la palabra se iba a transformar el mundo. No lo veo a Severino como un irracionalista de la muerte. El trata de poner el cuerpo. De luchar contra la violencia de arriba con la violencia de abajo. Como lo hicieron otros luchadores sociales como Wilckens, el indio Arbolito o Radowitzky… Severino era un hombre equivocado pero fiel a lo que creía. Se equivocaba porque la violencia en soledad no puede conseguir nada. Pero eso no debe servir para denigrarlo en todo sentido. Era un hombre con muy buenas intenciones. Pero se enredó en la violencia, y la violencia lleva a más violencia y a equivocaciones. 

Los héroes de la Alemania actual son los que pusieron la bomba a Hitler, sobre todo el Conde Von Stauffenberg -el 20 de junio de 1944-, y el anarquista alemán Georg Elser -quien se la juega solo en noviembre de 1939, en la cervecería de Munich-. Si la bomba de Elser hubiera matado a Hitler se hubiera salvado millones de seres humanos… 

La violencia también puede servir para algo. Al anarquista alemán no lo consideran héroe como a Stauffenberg, por-que es un anarquista, Stauffenberg era militar y además… conde. La violencia tiene sus cosas positivas. Siempre como respuesta… por supuesto. 

 

Rodolfo Walsh, en medio del terror más extremo de la dictadura militar, vuelve a escribir con su nombre, crea la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA) y la Cadena Informativa, redacta ese texto maravilloso que es “la carta a la Junta Militar”, la distribuye personalmente, pone además del nombre… el cuerpo. Siempre rescataste del olvido y de las sombras impuestas por los poderosos a los que resistieron, a los libertarios, a los que entregaron sus vidas por una vida justa, solidaria, en igualdad y libertad para todos… 

Realmente esos hombres y mujeres, esos hechos, quedan para la historia sin duda.

El levantamiento espartaquista en Berlín con Rosa Luxenburg… yo creo que aunque sabían que iban a ser derrotados tenía que hacerse. Porque si no iban a perder en el tiempo, iban a perder en la represión. Fue una expresión realmente revolucionara que dejó  totalmente al desnudo a la socialdemocracia. Ella -Rosa- quedándose en Berlín sabiendo que la iban a matar. Entonces, hay símbolos. Todos los 6 de enero el lugar donde están sus restos se llena de gente. En esa Europa, que parece no tener interés por nada… la última vez que hubo cien mil alemanes… y eso que era judía, mujer -además-, “pequeñísima” y “fea”… Ese gesto de ella de quedarse sabiendo que la iban a matar, realmente tiene un signi-ficado histórico…

También el hecho individual tiene un tremendo significado para el cambio del sistema… para la búsqueda de la justicia. Rosa era la mejor intérprete de Marx, pero sostenía que la revolución tenía que hacerse en libertad, no con una dictadura.

Reportaje realizado para Urbanave, número 1, marzo de 2001.

 

ENTREVISTA: LUIS CRUZ

Osvaldo Bayer nació en Santa Fe en 1927. Realizó estudios de Medicina y Filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA), e Historia en la Universidad de Hamburgo, Alemania. Es historiador, escritor, periodista, guionista cinematográfico, traductor y Profesor Honorario, titular de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Doctor –h.c.- de las Univ.  del Comahue y de la Patagonia Austral.  Docente de la Deutsche Stiftung für Entwicklungspolitik, en Bad Honnef, Alemania.

Trabajó como periodista –entre otras publicaciones- en el diario “noticias Gráficas”, en el patagónico “Esquel”, “La chispa” (creado por él) ; fue secretario de redacción de “Clarín” y director de la revista “Imagen”. Escribió para “Todo es historia”, “El Porteño”, “Fin de Siglo”, “Crisis”, “El Diario de las Madres” y “Página 30”. En la actualidad escribe en el diario “Página 12”.  Además, tuvo un recordado ciclo en el Canal Encuentro (Mundo Bayer).

Fue autor de los siguientes libros: “La Patagonia Rebelde”, “Severino Di Giovanni. El Idealista de la Violencia”, “Los Anarquistas Expropiadores”, “Exilio” (en colaboración con  Juan Gelman), “Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?”, “La masacre de Jacinto Aráuz”, “La Rosales, una tragedia argentina”, “Rebeldía y Esperanza”, “En camino al paraíso” y “Los cantos de la sed” (poesía).

Tradujo del alemán autores como Goethe, Kafka y Brecht, entre otros.

Es también autor de los guiones de filmes como: “La Patagonia Rebelde” (Oso de Plata en el Festival de Berlín) y “La Maffia” (en Argentina); “Cuarentena, exilio y regreso”, “Juan, como si nada hubiera sucedido”, “El vindicador”, “Elisabeth” y “Panteón Militar (en Alemania); “Todo es ausencia” (en España); y “Plaza de Mayo” (en Holanda).

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