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Con obras como Las venas abiertas de América Latina o Memorias del fuego generó o fortaleció una conciencia latinoamericanista en millones de personas. Con cada una de sus columnas, charlas, entrevistas o conferencias, verdaderos rituales, se transformó en un revolucionario que luego de su desaparición física se convirtió en dogma y así, petrificado, seguirá eternamente.

5 AÑOS SIN GALEANO

Carlos Cruz, 13/04/2020.

''La rebeldía es un acto que proviene del amor, del amor a los demás y del amor a las cosas que valen la pena vivir y hasta morir por ellas. Por eso resulta muy difícil definir la rebeldía. Le sucede como al amor, que lo matamos cuando le ponemos palabras para llamarlo. El amor es indefinible y a veces hasta invisible; pero existe, claro que existe. Y la rebeldía también existe de mil maneras. Es muy común escuchar a gente de nuestra generación acusando a los jóvenes de que no tienen nada en la cabeza, de que la política no les importa, de que no son solidarios. Y yo digo, pero bueno, ¿por qué esos acusadores no empiezan por autoacusarse? ¿Qué pasa con los partidos políticos, por ejemplo, que no son capaces de atraer a esos jóvenes? Al fin y al cabo ¿qué es lo que proponen a los jóvenes? ¿Otra vez la obediencia? ¿Que sigan ciegamente a un puñado de personas que mandan y deciden por los demás? Se criminaliza a la juventud, como si ser joven fuera un delito... Pero yo creo que hay una linda energía que se manifiesta en la aparición de nuevos movimientos con voluntad de que las cosas cambien. Se nota una insatisfacción, que me parece muy positiva porque es el signo de que todavía se puede cambiar el mundo'', decía Eduardo Galeano con la lucidez y genialidad que lo caracterizaban en una de las últimas entrevistas que le realizaron.

Porque el llamado hombre de los abrazos fue sin dudas -en el panorama de la literatura hispanoamericana del siglo XX- quien adquirió, más que ningún otro escritor, el estatuto de portavoz humanista de los marginados del continente. El autor, que con su muerte dejo de ser uruguayo o argentino, para pasar a ser Latinoamericano, adoptó la historia y los avatares políticos de nuestra América como el sustento temático para una exploración crítica comprometida. El mejor que nadie nos ayudó a mirar, a encender la hoguera de la memoria, con esas historias que recogen, a la vez, el dolor y la esperanza de los explotados, los que habían sido saqueados por un colonialismo contra el que lucho toda su vida… y predicó la desobediencia ante la humillación y la injusticia, la rebeldía contra la sumisión, y el amor por esa misma rebeldía como motor para cambiar al mundo… alejarlo de la injusticia que nos regala el régimen…

A Galeano solo le costó 31 años para escribir “Las venas abiertas…”, libro que marcó la época en la que se escribió, causando honda huella en los sectores juveniles que cuestionaban el sistema capitalista. No fueron pocos los intelectuales que consideraron al libro como La Biblia Latinoamericana. Lo escribió en tres partes, la última ("Siete años después", justamente por haberse escrito a siete años de la primera), fue una especie de conclusión en la cual Galeano hace notar que las cosas, lejos de mejorar, habían empeorado.

El libro solo lo convirtió en blanco de las derechas y de los gobiernos militares sostenidos por Estados Unidos, por lo que debió irse al exilio tanto en Uruguay (luego del golpe del 73) como (después de la caída del peronismo en el 76) de la Argentina, partiendo hacia Europa, específicamente a Barcelona, luego de huir con su pareja Helena (luego llegaría quien fue su hija de crianza, Mariana Mactas, hija del periodista Mario Mactas), con pasaportes de refugiados del Acnur.

Años después (en 1982) escribiría “Memoria del fuego”, libro al que el mismo definió como “una trilogía que intentó ampliar el campo abierto por Las venas... en extensión y en profundidad. Ir más lejos y más hondo en la misma dirección”.

Por ello, los temas reincidentes en la obra de Galeano son la expropiación del capital latinoamericano (tanto de parte de los primeros colonizadores como de las multinacionales en las últimas décadas), la falta de una identidad sólida en países como Uruguay y Argentina, y los aspectos políticos de la vida de Latinoamérica.

Hijo literario de Juan Rulfo, al que consideraba su maestro, la mirada de Galeano se caracteriza por ver la vida y la luz en medio de la muerte, con una prosa que va directo al hueso, despojada, cercana a la poesía y tan precisa que parece construida por un demiurgo de las palabras.

Ese amante del futbol que soñó ser jugador hasta que se dio cuenta que “jugaba muy bien mientras dormía”, un declarado “messianico” como solía llamarse por su admiración a Messi, abrazó con pasión la escritura y la puso mejor que nadie al servicio de la causa latinoamericana y también de su internacionalismo, que expresó genialmente al recibir uno de los tantos premios de su carrera alegando que “…ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo”

Va a ser muy difícil que se lo pueda olvidar ni en cinco, treinta o cien años… A él y a sus pensamientos. Que así sea.

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