Quedate en casa para ellos es una utopía

Como hacer la cuarentena sin tener casa: la cuarentena de los sin techo.

por Julio Albornoz

El Gobierno Nacional picó en punta y en base a la experiencia ganada al ver lo que sucedió en Asia y Europa, y asesorado correctamente por un grupo de infectólogos de primerísimo nivel, decretó la cuarentena como forma de achatar la curva de contagio mientras se daba tiempo para adecuar el sistema de salud a la nueva realidad… al desafío que se presentaba en el futuro cercano. A la par, el Gobierno de la Ciudad, que durante años había minado el sistema de salud pública de Buenos Aires, no importando si fue por admitir el error o meramente por conveniencia política, se puso a total disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Desoyó a los halcones de su partido (Bullrich, Picheto, Peña, Macri…) y se alineó con la política seguida por Alberto Fernández. Hasta ahí, todo bien… pero… ¿qué hacemos con los que no tienen dónde hacer la cuarentena… esa legión que desde hace dos o tres años no para de crecer y habita en las calles de la Reina del Plata? ¿Qué van a comer? ¿Cómo evitar que sean portadores móviles del virus por dónde quiera que se desplacen?

Aún hoy no hay respuesta a estos interrogantes y a varios otros, y los sintecho ante la falta de gente en las calles son más visibles que nunca, quedando no solo físicamente a la intemperie, sino que también lo están en cuanto a protección social.

Sería ridículo no presuponer que en muchos casos no podrían anotarse para recibir la ayuda del Estado sin agentes que recorran las calles en su búsqueda para solucionarles este problema de sencilla resolución. También sería muy fácil que un cuerpo de inspectores o simples empleados municipales, equipados para evitar contagio alguno, tome sus datos y tramite de inmediato el plan social más importante de la ciudad: el Ciudadanía Porteña. Solo con esas dos ayudas y el acondicionamiento de uno o varios predios abandonados, de grandes dimensiones y que, paneles mediante, pueda ser utilizado como vivienda social de emergencia, se llegaría casi a una completa solución del problema.

¿El costo? Nada que esté fuera del alcance de la ciudad más rica del país.

Porque se pueden decretar una, tres o diez cuarentenas, pero con 7500 almas en situación de calle (a valores de 2019, hoy podrían ser más) lo único que tenemos al salir de nuestras casas para ir a la farmacia, la carnicería, el supermercado o el cajero del banco (donde muchos se guarecen de noche), es un inmenso ejército de personas abandonadas a su suerte, conviviendo las 24 horas con la posibilidad cierta de contagiarse el virus, y, finalmente, la posibilidad de que contagien involuntariamente al resto de la población. Si no se lo plantean por humanidad (como debería ser) por lo menos sean inteligentes y háganlo por necesidad.

Porque no veo como cumplir cuarentena sin casa en la que quedarse. Es como medicarse con aspirinas y tomar solo el vaso con agua. Estos miles que fueron descartados, arrojados a las calles por la desocupación y la carestía de vida que no para de aumentar, hoy no pueden ser invisibilizados como en otros momentos. Entonces lo que realmente debemos plantearnos es si queremos ser como las bestias que desean simplemente suprimirlos (como contamos en pasadas crónicas varias veces en Urbanave, el año pasado) o si nos queda un sesgo de humanismo para hacer (como engañosamente se decía hasta hace muy poco) “lo que debemos a hacer”.

Porque de las 7251 personas contabilizadas en situación de calle, 5412 no tienen acceso a los vetustos e insuficientes paradores del Gobierno de la Ciudad… menos aún a los espantosos hoteles que contrata a precio de Sheraton el Gobierno de la Ciudad (nada que ver con la fortuna que sale pagar los “decentes” hoteles en los que hoy se aloja a la clase media proveniente de Roma, Miami, Colombia o Río de Janeiro, y que, en muchos casos, viajo a pesar de las advertencias del Gobierno para que no lo hiciera). Porque de esos 1839 individuos que si van a un parador, muchos lo hacen después de ser alejados de sus esposas, hijas, hermanas, madres…

Recientemente, la oposición (a través del FdT) con la firma de lxs diputadxs Cecilia Segura, Laura Velasco, Victoria Montenegro, María Bielli y Manuel Socías, establece la emergencia por un plazo de un año a los servicios socio-asistenciales dirigidos a personas en situación de calle y riesgo de situación de calle. Además dispone la puesta en marcha y fortalecimiento de programas y dispositivos como el “Operativo Frio”, la ampliación, apertura y mantenimiento de lugares de alojamiento con personal de enfermería capacitado, la provisión de elementos de higiene, profilaxis y material informativo, prioridad en el acceso a alojamientos y programas para mayores de 60 años, embarazadas, niñas, niños y adolescentes y personas con discapacidad o con alguna enfermedad cardiaca, respiratoria o diabetes, y un aumento del 100%, facilidades de gestión y asignación en 48 horas para el subsidio habitacional, entre otras medidas.

Muchas de estas propuestas, surgieron de sugerencias de los trabajadores del Programa Buenos Aires Presente, quiénes a contramano de sus propios empleadores, solicitan la rápida puesta en práctica de estas medidas para “mitigar el contagio entre la población más vulnerable y el conjunto de la sociedad”, tal como nos explicó la diputada Cecilia Segura.

Y denunciaron que en la calle se encuentran con personas que están en una crítica condición alimentaria, con la sola provisión de viandas, escasas y que muchas veces hasta no tiene una buena conservación por alterarse su cadena de frío. Además, en cuanto a la higiene personal, solo se les provee jabón blanco cortado en pedacitos muy pequeños, sabiendo que no cuentan con agua para poder activarlo. No se les da ni repelentes (por el Dengue) ni alcohol en gel (por la pandemia de Coronavirus).

Como un dato que arroja algo de luz sobre la crítica situación el Ejecutivo Porteño publicó justo al cierre de la revista (el 31 de marzo) que “en los últimos siete días con la habilitación de siete nuevos paradores la Ciudad sumó 780 camas para que todas las personas en situación de calle pasen la cuarentena. Se suman a las 2.100 preexistentes en los 33 Centros de Inclusión Social que funcionan regularmente en la Ciudad. Desde su apertura, 680 personas ingresaron y ya cuentan con cama, duchas, comida y contención de equipos profesionales”. Los nuevos paradores están en Parque Chacabuco (220 plazas destinadas a familias), Parque Avellaneda (130, familiares también), Parque Sarmiento (148, solo para hombres), el Olímpico (100 camas, de hombres) y dos para las personas de la tercera edad: Uspallata (Comuna 5) con capacidad de 90 plazas y Venialbo (Comuna 5) con 12 plazas. Algo alentador, pero lamentablemente insuficiente por los números que ya explicamos de personas en situación de calle.

La crisis sanitaria desatada por la epidemia de Dengue y por la pandemia del COVID-19 nos pone a prueba y demanda la máxima solidaridad social posible, porque sólo cuidando a cada uno es que nos cuidamos todos. No hay otro camino. Hoy más que nunca, la patria es el otro. Aunque a algunos les joda.

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