En la esquina de Boedo e Hipólito Hirigoyen permanece cerrada y los vecinos juran que adentro hay extraños movimientos. Y ya es todo un mito urbano...

El misterio de Casa Magor: la mueblería congelada en el tiempo

CARLOS CRUZ, 02/06/2020.

¿Realidad o mito urbano? La mueblería de Almagro está intacta y cerrada, pero en su interior las cosas cambian de lugar. Un tweet dio pie a diversas especulaciones.

 

Ya se corrió la noticia hace rato y hay curiosidad. Gente que va sola y mira la vidriera. Ponen las manos contra el vidrio y buscan diferencias, hablan sobre la posición de los muñecos que ya son parte del mito, como si alguien (sin saber quién) los moviera o, sencillamente, tuvieran vida propia. El gorila negro sobre la cuna es el rey… el personaje principal de esta historia de suspenso. Se quedan parados por minutos mirando vaya a saber qué cosa… nadie sabe qué controlan, que piensan. Otras veces se acercan grupos de personas que no son del lugar, atraídos por la historia que les cuentan amigos que sí son vecinos del barrio. Es como en enigma, un juego… un tour… la cosa pasa por resolver el misterio de la mueblería cerrada donde algunas cosas se mantienen intactas y otras cambian de lugar.

El gorila dentro de la cuna o colgado en su baranda, el cochecito modelo noventa y pico que se corre de lugar. La birome o la boligoma que se rotan en el escritorio que vaya a saber quién limpia. Nadie ve a la gente que mantiene el lugar intacto… que enciende las luces que cambian noche tras noche la secuencia en que están encendidas, a veces más, a veces menos.

Más allá que es una duda que se plantean todos los que vivimos en el barrio, Rocío, vecina del local en cuestión, luego de ocho años de lidiar con la duda y la curiosidad, no pudo más y con un tweet encendió la mecha: “Necesito empezar a resolver el misterio más importante del barrio de Boedo. Es mi visita obligada cuando vienen amigues del exterior (u otros barrios), y puedo asegurar que cada tanto modifican algún objeto. El gorila en la cuna es mi mensaje favorito. ¿Alguien sabe algo de MAGOR?”.

De inmediato comenzó a recibir respuestas de todo tipo, desde bromas y mensajes tontos, hasta notificaciones, likes, respuestas concluyentes (muchas inventadas o sin fundamento), retweets. Aún hoy siguen los mensajes. En la red, aunque parezca mentira, el asunto es cuestión de debate… a veces con memes o chistes, otras de forma seria.

En el medio, un auto con un muchacho en no muy buenas condiciones, a plena madrugada, se incrustó en la vidriera sobre Boedo y luego de permanecer dos días con custodia policial, alguien levantó una pared de ladrillos huecos. Poco después, a raíz de un incendio de un colectivo que afectó a varias casas, hubo quién preguntó: “…pero muebles Magor, ¿Está bien?”.

Mientras, en la puerta hay un folio pegado con una hoja que dice “vidriera en preparación”, como si fuera una broma del enigmático cuidador(a). A veces cambian la hoja y aparece otra con el texto apenas alterado con un “disculpe las molestias, vidriera en preparación”.

Adentro, sigue la pava eléctrica movediza; las plantas mitad secas, mitad no. La cuna, en venta desde el 2005, permanece como un inmóvil testigo de los cambios en el barrio fuera de estas vidrieras que permanecen intactas. Supo tener en ella un cartel que decía que valía $499, hasta la inflación se detenía dentro de Magor…

A partir de la publicación, las respuestas al enigma fueron infinitas… Que los dueños tuvieron una desgracia, dejaron todo como se ve y no volvieron. Que es una fachada para poder lavar dinero de dudoso origen. Que está conectado con una casa usurpada y los okupas mueven cosas para hacer ver que el local funciona. Que adentro hay un garito, un prostíbulo... que se vende droga. Que quisieron comprarla, pero nadie puede ubicar a los dueños. Todos quieren ser parte de la historia… todos aparentan saber…

Hasta que hablamos con Fernando A. Alquilaba un local en frente de Magor… local que hoy ya dejó pues en la esquina se va a hacer un edificio (otro, y van…). Nos explica que el local pertenece a dos hermanos que lo recibieron de su madre quien hacía una usucapión junto a su esposo (ambos ya fallecidos). Es más, el galpón lindante sobre Boedo pertenece a la propiedad y lo alquilan, funcionando una carpintería. Marcelo se llama el actual heredero del propietario, de nombre Marcelo Gordin (de las primeras letras de su nombre y apellido sale el nombre de la mueblaría, MAGOR), y no alquila ni vende el local primero porque espera los papeles definitivos y segundo porque teniendo en cuenta el ensanche de Boedo, quién compre, se expone a que en un futuro incierto pueda ver su propiedad sesgada al medio.

Mientras, el televisor de tubo, las estanterías semi derruidas, las muñecas, el almanaque indescifrable, los leones de porcelana brillante, los peluches antiguos, el puff pelota, y el cochecito modelo paragüitas, nos siguen transportando a otros tiempos más románticos.

El relato de Fernando fue fulminante. La modernidad odia el romanticismo y sus mitos. Se rompió la magia.

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