Ya son más de 3.000 los casos confirmados.

Dengue: la epidemia que se esconde detrás del coronavirus

por Julio Albornoz
Los funcionarios del Gobierno de Rodríguez Larreta, en silencio y puntas de pie, solamente esperan que llegue el invierno salvador… ese momento en que el termómetro se estabiliza bajo los doce grados necesarios para no permitir el desarrollo de los huevos. Eso, o esconder el problema hasta el año que viene, es lo que desde hace varios años hace el Gobierno de la Ciudad.

Mientras los ciudadanos de Buenos Aires se debaten entre ponerse el barbijo, un pañuelo, una bufanda, o un calzoncillo como tapa nariz-boca, y mientras todas las miradas se concentran en el mediático coronavirus que se esparce velozmente por el mundo, otra epidemia… otro virus, se pasea silencioso por la ciudad a lomo (o picadura) de mosquito, el DEN o virus del dengue, como más comúnmente se lo conoce.

Para el no hay vacuna, ni alcohol en gel, ni tapabocas… solo se combate con información y, fundamentalmente, eliminando en las zonas pobladas y sus alrededores al mosquito transmisor: el mosquito Aedes Aegypti.

Para que entremos en el tema, el dengue es una enfermedad viral transmitida por los mosquitos y de prevalencia en las áreas tropicales y subtropicales.

Primer tema: ¿Por qué hablamos de enfermedad tropical en… Buenos Aires? Porque la acción indiscriminada de los productores forestales, agropecuarios e industriales, al envenenar el cielo, el aire y el agua, deforestar las especies nativas del país, creando condiciones para grandes lluvias e inundaciones, además de otro perjuicios al medio ambiente junto al calentamiento global producto también de la desacertada y criminal acción del neocapitalismo globalizado -y su consumismo a ultranza que corroe la naturaleza del planeta-, nos ha llevado a que hoy tengamos un clima subtropical, algo pocos años atrás impensado.

Y para peor, la ciudad gasta en arreglar baldosas, hacer plazas cargadas de cemento para gastar más, bicisendas que nadie transita, o metrobuses ridículos de quince cuadras que consumen gran parte del presupuesto municipal, dejando de lado las fumigaciones preventivas, las campañas de concientización, el descacharrado en zonas baldías o en predios abandonados -y muchas veces propiedad de la Ciudad-, y hasta la inversión en salud pública, algo que también desnudó el Coronavirus.

Pero sigamos con el dengue. Los síntomas son fiebre alta, sarpullido y dolor en los músculos y las articulaciones. Su tratamiento incluye la ingesta de líquidos y el uso de analgésicos. Pero como hay cuatro serotipos inmunológicos del dengue (DEN-1, DEN-2, DEN-3 y DEN-4), es posible el recontagio. Por lo que, cuando una persona desarrolla un serotipo de dengue, al curarse genera inmunidad contra él… pero no contra los otros cuatro. De tener la desgracia de contraer al año siguiente, o el otro, un serotipo diferente, ya tiene grandes probabilidades de que la enfermedad causante sea más grave, con obvia necesidad de internación hospitalaria, y con posibilidad de padecer por ello hemorragia profusa y un shock, que pueden llevar a la mismísima muerte. Este año, en la ciudad, la epidemia trae a los serotipos 1 y 4.

Justamente por esto, el Doctor Diego Álvarez (1), director del Laboratorio de Virología Molecular del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IIB) de la Universidad de San Martín (UNSAM), nos enseña sobre el dengue: “Una característica es que el virus se mantiene en un ciclo urbano, sólo donde cohabitan el hombre y el Aedes Aegypti”. A raíz de ello, Álvarez propone descacharrar y generar directrices concretas por parte del Estado para frenar el avance de la enfermedad, algo que no se hizo en tiempo esta temporada, cuando se sabía que tendríamos un pico de dengue.

Aunque el Gobierno de la Ciudad sabe que el mosquito está en toda la ciudad, también conoce que el 80% de los casos confirmados está en un puñado de barrios. Las comunas más afectadas son la 7 (Flores y Parque Chacabuco), la 8 (integrada por los barrios de Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano) y la 4 (La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya) ... todas zonas del sur de la Ciudad.

Es verdad que el dengue es menos grave que el mediático Coronavirus, pero no por ello deja de ser una enfermedad de cuidado. Según el Dr. Julián Antman (2), titular de la Gerencia Operativa de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Ciudad, “De cada 1.000 casos, 50 serán graves y de esos 50 podrán morir uno o dos individuos”. También, al referirse de la epidemia actual afirma que “…estamos atravesando el pico de contagios, y esperamos que el brote se extienda unas tres semanas más...”. Para concluir que, teniendo en cuenta los antecedentes de 2016, “…hay que estar atentos a los síntomas: fiebre y dolor corporal y/o detrás de los ojos. A diferencia del coronavirus, el dengue no provoca problemas respiratorios o molestias en la garganta”.

Asimismo, reconoce la falta de previsión (siendo bien pensado) del Gobierno Porteño al decir que “Al coincidir esta epidemia con la otra, se suma una complejidad extra al sistema de salud y a la energía que deben poner los profesionales. Si no existiese el coronavirus podríamos abordar mejor el dengue. La crisis es enorme: no hay medicamentos ni vacunas para combatirlo, por lo que la única manera de combatirlo es mediante la eliminación de mosquitos en las zonas donde circula el virus (…) Un diagnóstico rápido es importante porque en la medida en que se identifican casos rápidamente, se pueden generar campañas para cortar la transmisión en forma temprana”, concluye.

El dengue suele propagarse rápidamente y afecta a un gran número de personas durante las epidemias. En las zonas más gravemente afectadas, los niños son el grupo más vulnerable.

Según editó el Diario Página12, S., una niña de 4 años que vive en el barrio de Floresta, fue diagnosticada con dengue un viernes. Ante el agravamiento del cuadro en ese fin de semana, el lunes, Carolina, su madre, la llevó a la guardia del hospital, donde cumplieron con los protocolos para Covid-19 y dengue. “Nos confirmaron que era dengue y me preguntaron si había escuchado de otros casos en la zona. Les dije que no sabía”, afirmó. Y sigue relatando: “… cuando volvimos a casa con mi hija curada, fui a la ferretería a comprar el tul mosquitero. La mujer que me atendió y otra vecina que me crucé tuvieron dengue. Viven en la cuadra de casa (…) recién en el hospital me había enterado del aumento en los casos de dengue en la ciudad (…) siento que falta información, yo pensaba que el dengue era algo de las provincias del norte y no es así”, concluyó.

Y todo se agrava porque hoy, el dengue, ya es una enfermedad autóctona, algo que poco tiempo atrás no sucedía. Del total de 3.173 casos confirmados, sólo 276 tienen antecedentes de viaje. El resto, es de contagio local. Hasta el momento, se registraron 7 fallecidos por dengue y hay otros 9 casos sospechosos. Pero de seguir subiendo los números, podrían ser bastantes más.

 

Por todo lo expresado, abril y mayo serán meses complicados para el sistema de salud pública porteño. Durante el mes de abril se espera el pico de casos de dengue y en el próximo, el pico de los casos de coronavirus (COVID19). A pesar de su escasa prensa, la del dengue es una epidemia en desarrollo y que puede descontrolarse antes de que llegue el invierno.

Desde el primer día de enero hasta el 28 de marzo, en la Ciudad de Buenos Aires se notificaron 4302 casos de dengue, de los que se confirmaron 2134 (en la actualidad ya son 3171). El único dato alentador es que, si había habido 450 casos positivos en la semana del 15 al 21 de marzo, durante la primera semana de comenzada la cuarentena (por el COVID-19) sólo se registraron 208, dato que los propios funcionarios ponen en duda porque puede deberse a distintas situaciones relacionadas con la captación de casos en medio de la cuarentena.

Ahora bien… ¿cuál sería la mejor solución? Según Leonel Tesler, médico sanitarista y presidente de la Fundación Soberanía Sanitaria (FSS), la solución al problema del dengue debe ser colectiva. “En este contexto es difícil, pero hay que pensar la acción y el descacharre con los vecinos de la manzana para acordar en qué ambiente queremos vivir”, afirmó. Para Tesler, sería bueno “aprovechar la cuarentena para descacharrar”, pero opinó que esta acción debería estar coordinada por el Estado para que “todos los recipientes de agua en el barrio desaparezcan en el mismo momento” porque “no sirve la acción individual”. “Si uno descacharra y el vecino no, hay dengue igual --señaló--. La única forma de terminar con el dengue es terminar con el mosquito”. O sea, olvidemos las soluciones individuales (repelentes, insecticidas…) y funcionemos como sociedad.

 

Las malditas diferencias que duelen.

El primer paciente confirmado con diagnóstico de coronavirus en Argentina fue un ciudadano porteño internado en la Clínica y Maternidad Suizo Argentina del barrio de Recoleta, perteneciente al grupo Swiss Medical, de acuerdo con la cobertura médica de su plan de medicina prepaga. Al instante, se hicieron evidentes el miedo infundado y las expresiones discriminatorias en el resto de los pacientes internados en la clínica, motivo por el cual, más en resguardo de sus intereses que en razones médicas, Swiss Medical no tardó mucho en informar que la sala donde se hallaba internado el paciente enfermo no tenía una conexión edilicia con la maternidad, pese a lo cual el 3 de marzo fue trasladado al sanatorio Agote, también privado, y también propiedad de Swiss Medical. Según se supo ese mismo día a través del Ministerio de Salud, se trataba de un hombre de 43 años, que vino de Italia y vive solo en Puerto Madero.

Los pacientes tratados por dengue no tienen estadísticas ni registros tan exactos, no van en su mayoría a cómodas clínicas privadas, y es el sistema público de salud quien casi siempre se hace cargo de ellos, ya sea de manera ambulatoria como en caso de precisar internación.

En Argentina, el coronavirus convive con el dengue.

Las diferencias en los lugares de aparición de los virus no hacen más que reproducir las visibles diferencias sociales entre los enfermos por uno y otro. Las zonas calientes del coronavirus son los aeropuertos, las del dengue son los baldíos, los barrios precarios y los basurales. Lo peor del dengue vendrá en otoño y lo peor del coronavirus vendrá en invierno. Pero las redes de los medios monopólicos están invadidas por el coronavirus y no por el dengue, porque lo noticiable no son los virus que llegaron primero en el Aedes Aegypti (mosquito que lo transporta), sino el que llegó último en un avión de Alitalia.

Asimismo, es más útil informar (y alarmar) sobre un virus que llega a las clases medias con fuerza, que uno que ya está relacionado (y naturalizado) con la pobreza. Es parte de la estrategia comunicativa de los medios dominantes basada en el miedo, que no es otra cosa que una de las mejores herramientas moralizantes y de exitoso control social. El miedo permite dejar de ver al otro como un ser humano… o compatriota, o vecino, o amigo… y lo convierte en un desconocido. Más allá que ese otro hasta pueda ser alguien cercano, la hiperinformación (o desinformación producida como deseo corporativo) produce ignorancia y miedo, sacando a relucir las peores características que puede tener un ser humano: el racismo, la xenofobia, la exclusión o el rechazo.

La única forma entonces que nos puede permitir huir de este sometimiento mediático es a través de la elección de la información, del conocimiento que nos transmita a través de su calidad y de las políticas públicas que debemos exigir acompañen al problema para una pronta solución que afecte lo menos posible a las personas que habitan la ciudad y todo este (nuestro) país.

REFERENCIAS

 

  1. Dr. Diego Alvarez. Investigador Adjunto-CONICET dalvarez@iibintech.com.ar.

  2. Subsecretaría de Planificación Sanitaria, Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires. Gerente Operativo: Mg. Julián Antman. Dirección: Monasterio 480, CABA. Tel: 4123-3240/41/42. Contacto: gerenciaepicaba@buenosaires.gob.ar

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